-¡Suéltala, ella no te pertenece!-
-¡Yo no soy propiedad!- gritó la letra insultada.
-No se me ocurre nada, intercedieron por mi, estoy inmóvil. Haz lo que te dicen, yo te rescataré-
Rápidamente, en pánico, agarré mis llaves y me alistaba a salir en su búsqueda. El camino me estaba haciendo una jugarreta, engañando mis habilidades de héroe, que se hacían escasas cada vez más. El sudor corría en locura, los nervios chocaban entre si y estremecían mi cuerpo, mis sentidos, mi cordura.
La encontré, la primera letra del alfabeto y D., se veían aterrorizados. Salté de mi carro en movimiento y corrí a abrazarla: ella no inmutó un músculo. Finalmente, bajo mi techo, suelta su ira: reproches, rabia. Injustificada. Furia. Rencor. Decepción. Basura.
Desde entonces el alfabeto tiene 25 letras.
Yo tengo la razón.
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