Nov 28, 2006

El tren

Son las 12:30 am y me encuentro sentado en la línea del ferrocarril, alabando dioses falsos y preparando pociones mágicas para conjurar la llegada del tren. Aunque soy solo un hombre -y eso ya todos lo sabemos- siento que el tren tiene el deber de enfrentarse contra mi. Aqui estaré de pie, firme esperando su llegada para poder confrontarlo y detener su paso. Porque no quiero que me atropelle. De hecho no quiero ni ver al tren. Pero ese tren va a venir, y yo quiero detenerlo. Quiero demostrarle que mis pies no se moveran de las líneas que le sirven de transporte. Quiero demostrarle al tren descarado que aunque tenga un boleto en mi mano izquierda, la derecha esta hecha un puño listo para encontrarse con los metales.


El tiempo pasa y el tren no aparece. Cuando grito su nombre a la oscuridad, el eco me lo devuelve resonante recordandome punzantemente de mi soledad. Al escuchar mi rugido volteo mi cabeza, confundido y ansioso. Le hecho un vistazo a mi mano izquierda, la cual ha hecho pedazos el boleto de tan fuerte que se aferraba a el. Las venas en mi mano iderecha ya no dan más. Mi mirada fruñida esta cansada y resignada. De un impulso me tiro al piso, pongo mi oido en el suelo e intento escuchar las vibraciones de algo que se mueve. Algo que se acerca. Pero nada. Mi coraje y mi valentía han decidido viajar en avión a casa. Ahora hay un pedazo de mi, una parte carnal de mi ser que se encuentra en el medio de una línea de un ferrocarril, rodeado por el eco y la oscuridad de la noche.

1 Comments:

Zauberlehrling said...

Es sorprende como un texto tan humano y tan genial puede nacer de un momento tan vulnerable.

Yo tampoco veo trenes venir... Aunque a veces creo que los toco con la punta de los dedos.

Un abrazo, hermano.