Jun 2, 2007

Muero

La rutina, esta bailarina que me seduce a diario y me hipnotiza con su rito. Todos los dias amanezco y muero.

Unos dias atrás fui secuestrado. El dia estaba despertando mientras el Sol se cepillaba los dientes. Fue entonces cuando forzaron la entrada a mi casa. Eran dos hombres desconocidos. Enmascarados. Sus movimientos eran torpes y bruscos. Llegaron destruyendo la puerta principal, gritando incoherencias. Al cruzar el umbral, el primero corrió desesperado y con su revolver destrozó la mesa de cristal, agarró las sillas y las arrojó contra la puerta que daba al patio. La máscara revelaba sus ojos. Éstos sabían lo que estaban haciendo no era socialmente aceptable -para no decir "malo" ya que ¿quiénes somos para delimitar eso?- Sus ojos demostraban un sentido de compromiso con su meta. Es dificil de entender, tendrías que ser un secuestrador/asesino profesional y ¿quién no lo es? El hombre estaba decidido a matar: para eso estaba en la sala de mi casa, para eso habia forjado la puerta y corrido enfurecido destruyendo todo a su paso. El otro hombre, en cambio, no sabia donde estaba parado. De repente se encontraba en una casa desconocida en el medio de la avenida Giddens con una escopta en mano y una máscara sobre su cabeza que no quería coolaborar con su asma. Tenia ojos asustados, él no queria hacer esto. Aún asi, éste cargaba un arma en sus manos con un solo propósito: asesinarme.

Ambos hombres procedieron a destruir la casa. El primero entro a la cocina. Bailaba sobre platos rotos y usmeaba mi refrigerador vacío. El otro dobó a su derecha y con un simple ademán de furia hizo añicos el televisor de 41 pulgadas. Éste se asustaba mientras el vidrio de la pantalla plana acariciaba la cerámica y se dividia en miles de pedazos. A su derecha estaba la puerta. Detrás de esa puerta se encontraba la razón por la cual estaban ahí. De´tras de esa puerta terminarían el trabajo y encontrarían la paz. De un disparo rompierton el llavín y la puerta salió volando. Yo volteé mi cabeza para encontrarme con la siempre bienvenida sorpresa de encontrar a los artistas de mi muerte. Ellos corrieron hacia donde mi y bruscamente me tiraron al piso boca abajo. Ataron mis manos fuertemente. Yo sentía la cuerda quemar mis muñecas mientras ajustaban el nudo. Mis manos por reflejo buscaban que hacer hasta ser detenidas por la falta de circulación. El primer hombre enmascarado me pateaba el abdomen, talvez para sacar gemidos de dentro de mi. Yo cerraba los ojos y mordía los labios. De repente, el otro hombre enmascarado me agarró del pelo y me volteó la cabeza. Lo suficiente para verme a los ojos. Lo suficiente para darme cuenta que era una mirada familiar. Este hombre y yo nos conocíamos. Entonces empecé a hacer revcuento de las miles de razones que tendría este desconocido para acabar con mi vida. Traté de revelar su identidad. Pensaba. Pensaba intensamente. Pero fui cegado por un golpe en la cabeza. Aún semiconciente sentía como arrastraban mi cuerpo fuera de la habitación.

Me desperté al saborear el pegamento de la cinta adhesiva en mis labios. Estaba en una habitación desconocida. Los dos hombres discutían en una esquina de la habitación. El primero seguía decidido a cumplir su meta. El otro, nervioso, gritaba mies de caminos alternos. La imagen desaparecía junto con mi conciencia. La razón no podía resolver el acertijo. Veo a los hombres acercarse a mi y uno de ellos revela su arma. Su mirada toma turnos entre la pistola y mis ojos. El otro hombre parece indeciso, sus ojos gritan que se detenga mientras el hombre armado acaricia el gaillo con sus dedos. Esta vez sin remover sus ojos de los mios. De mi cuerpo golpeado y sanriento en un esquina de la habitación. Con las manos atadas, inmóvil, sin energías. Mis labios aún perciben el inolvidable sabor del adhesivo que cubria mi boca. Me quita las palabras, me deja desarmado. Me deja indefenso.

El dedo aprieta el gatillo. Un estruendo agita la inhóspita habitación. En este segundo todo esta bien. la muerte deja de ser una alternativa. El silencio domina el universo y las formas desaparecen. Pero en este segundo despierto. Esta vez con una soga rodeando mi cuello. Encima de un humilde banco y a punto de dejarme caer para luego volver a despertar bajo otra realidad, otra muerte, y asi sucesivamente.

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